El Río Víboras, la antigua Encomienda de Calatrava de Víboras
y el Castillo del Víboras deben su nombre a una antigua ciudad
íbero-romana que existió en lo que actualmente conocemos
como Las Casillas. La Ciudad Íbera de Bora se encontró situada
en un cerro cercano llamado Cerro de San Cristóbal, que
lamentablemente ha sufrido expolio desde hace muchos siglos
De este cerro han surgido cantidad de monedas acuñadas entre
el siglo II-I antes de Cristo, en las que aparece representado un
toro con la leyenda BORA. Se encuentra vinculada a numerosas
necrópolis cercanas que tras la llegada de los romanos fueron
incluidos en los territorios de la Colonia Augusta Gemella
Tuccitana y que si algún día fueran excavadas, colocarían a esta
pequeña población en un lugar destacado de la arqueología
andaluza.
Se cree que el nombre de Víboras proviene de una
castellanización de Bi-bora como pudieron ser denominados
estos emplazamientos aunque otros estudiosos apuntan a que
tal nombre proviene del árabe Bab al Bora o Puerta de Bora.
Parte del rico patrimonio arqueológico quedó sumergido bajo las
aguas del Pantano de las Casillas adonde nos dirigimos.
También ofrece unas magníficas posibilidades de atraer turismo
y de realizar deportes acuáticos, siempre y cuando se consiga
convertir el pantano en navegable, que sin duda potenciaría el
sector turístico en la zona.
Uno de los mejores alicientes de este lugar es el paisajístico. Los
atardeceres son impresionantes, la luz solar reflejada en el agua,
unida a la silueta del pueblo, a la del castillo, a las frondosas
sierras circundantes y a la avifauna afincada allí, forman una
hermosa estampa que sorprende que no sea famosa ni conocida.
Ruta por el Martos Rural: Las Casillas de Martos, tras las huellas
de Bora.