Filosofía

Ya se va aproximando la primavera, un tanto extraña tras el
cálido invierno que hemos soportado este año y el campo
comienza poco a poco a despertar (aunque quizás, ni tan
siquiera estuviera echando la siesta) al tiempo que los seres
humanos nos volvemos mucho más activos y vamos escapando
de nuestras casas donde nos hemos estado refugiando tanto de
la lluvia, como del frío.

Los eventos deportivos, culturales, medioambientales
comienzan a resurgir y de nuevo, miramos a la madre naturaleza
buscando escapar de la monotonía de nuestras ciudades y
pueblos, de ruidos y tráfico, buscando volver a lo que fuimos,
esos animales que hace algunos miles de años comenzaron a
descubrir el planeta en el que se encontraban.

Así, sin darnos cuenta, nos convertimos en pequeños
descubridores de nuestro entorno cada vez que salimos a
nuestros campos en busca de aventura. Nuestros caminos
centenarios siempre guardan alguna sorpresa para quien la
busca. Sorpresas en forma de espárragos, setas, puentes
centenarios, restos arqueológicos o panorámicas de impresión.

Clubs de senderismo, de bicicleta, parapente, pesca y un
amplio etc, irrumpen con ímpetu con calendarios plagados de
actividades en estas fechas y nos invitan a descubrir nuestro
entorno en grupo, llenando en ocasiones de vida, pequeños
núcleos rurales donde casi nunca pasa nada, como se suele
decir.